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martes, 17 mayo, 2022
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Mi 22 de abril de viva voz

Relato de vida del periodista Amado Vázquez, quien nos comparte su testimonio del 22 de abril a XXX años de la tragedia

El 22 de abril de 1992, miércoles de Semana de Pascua, fue un parteaguas para Guadalajara y para mí como periodista policíaco en ese entonces de Notiacción -hermano de Nosistema, noticiero de la estación La Consentida- y del Diario Ocho Columnas, al ocurrir las explosiones del Sector Reforma cuando cubrí el olor a gasolina que emanaba de las alcantarillas.

La noche previa comenzó a ser desalojada la zona por un fuerte olor a combustible y por la mañana recorrí la zona, desde Revolución por la calle Gante, entrevistando a quienes habían decidido no irse y a otros que despreocupadamente comían tacos, birria, menudo, fuera de los talleres que por ahí había.

Ahí ya estaban los heroicos Bomberos, uno a cada lado de las alcantarillas por la calle Gante con las tapas abiertas, de las que brotaban vapores de gasolina y de donde salían huyendo alimañas para ponerse a salvo.

Entrevisté y transmití en vivo para mi programa de radio a decenas de personas ese 22 de abril… entrevisté luego en la planta de Pemex del Álamo al gerente, quien dijo que el derrame no era gasolina y que no emanaba de ahí… Luego, me citó en su declaración en el juzgado cuando declaró que lo había entrevistado casi durante la explosión “un reportero”…

Regresé a Gante y pocos minutos antes de la hora fatídica, 10:05 horas, entrevisté al mayor J. Trinidad López Rivas, entonces jefe de Bomberos de Guadalajara, quien dijo que era aceite -parafina-, que emanaba de la fábrica de veladoras El Gallo y que todo estaba bajo control… Pero no fue así.

Por azares del destino, la entrevista fue sobre el colector de Gante y 20 de noviembre, donde la tubería gira hacia la Calzada, al sifón a la altura de San Juan de Dios para permitir el paso de la línea 2 del tren ligero.

Al escuchar la primera explosión lejana de las 9 contabilizadas que destruyeron 10 kilómetros de calles, corrí hacia la calle Los Ángeles rumbo a la ahora vieja Central Camionera… luego, una mirada atrás y ya no había casas, ni calles… ni gente… sí, conocí el silencio sepulcral.

Nunca piensas que tu vida está en riesgo porque había que reportear, la noticia antes que uno, transmitir en vivo… las comunicaciones se cortaron, las pilas del celular se acabaron… recorrer hacia atrás el camino andado con los entrevistados vivos que ahora estaban muertos… visiones trágicas: ahí estaban el empleado de Telmex que quedó atorado entre los cables, los bomberos sin vida… la gente enterrada, camiones sepultados…

Sí, sobreviví a esa tragedia milagrosamente… todo el día busqué a uno de mis hermanos reporteros que estaba por Revolución… revisé con mi hermano Conrado, también periodista, cadáver por cadáver en el anfiteatro habilitado en el CODE Jalisco y no lo encontramos… busqué en las pilas de cadáveres de los puestos de socorro… no estaba y después apareció vivo pero estaba incomunicado porque Guadalajara se quedó sin líneas telefónicas.

Me entrevistaron varias veces de medios del centro del país, me bautizaron como “Un reportero con suerte”… suerte de estar vivo… de no haber perecido en esa tragedia que enlutó a la ciudad… suerte de poderlo contar 30 años después… muchos escribieron libros de la tragedia sin estar ahí ni haberla vivido… Yo sí estuve... cuestión de enfoques.

El 23 de abril recorrí en un helicóptero de Radio Red toda la zona afectada, era dantesco… 10 kilómetros hechos añicos… el presidente Carlos Salinas regañando al gobernador Guillermo Cosío Vidaurri “¡Qué hiciste, Gobernador!”, el encarcelamiento de funcionarios como Enrique Dau, entrevistado ese día en la noche… y en los siguientes también, pero en prisión. ¿Chivo expiatorio? En ese entonces opinábamos que sí.

Al final y a 30 años de distancia, luego de que muchos reporteros descubriéramos que en El Álamo la gasolina estaba hasta en los pozos de agua, sí, vimos la tubería con un agujerito del que brotaba gasolina frente a un banco, me quedo con la versión de aquel entonces de la evaluación de los periodistas:

El combustible era de Pemex, fueron más de 700 muertos -casi los conté todos de a uno por uno-, (publiqué fotos en la revista Contenido y en Ocho Columnas), dos mil lesionados, una cantidad indeterminada de desaparecidos -dicen que 69-, mil 500 casas afectadas y 900 negocios destruidos... cuenta echa antes de que entrara la maquinaria a remover y recoger escombros.

Posdata: Mi jefe en la estación de radio, Alberto Gómez Barbosa, todo un personaje, columnista, fotógrafo… hizo un recuento extraordinario en Mural de la tragedia, donde da fe mis andanzas en esos días, que fueron transmitidas en vivo y a quien agradezco traerlas a la memoria 30 años cumplidos después de esa tragedia que nos marcó a esa generación de periodistas: Alfonso Javier Márquez, Salvador Maldonado Y., José Luis Estrada, Eugenio García, Jaime Muñoz, Salvador y Rodolfo Chávez Calderón junto con muchos más que escapan a la memoria.

¡Que descansen en paz las víctimas de esa tragedia!

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