Residuos de plaguicidas: una acción civil

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Residuos de plaguicidas
Residuos de plaguicidas/Fotografía: Francisco Rodríguez.E./La Nacion.

Por Luis Alberto Cruz García

Tanto en el cine como en la realidad, siempre nos preocupan peligros que nos pueden hacer perder la vida en forma inmediata. Pocas veces nos preocupamos de lo que nos puede matar, y de peor forma, a través de síndromes, deformaciones y cánceres muchos años después de ingerir sustancias químicas a través de nuestros alimentos. Y ese es el tema que aborda la película A Civil Action (Una Acción Civil, EUA, 1998). Un hecho real que dejó un precedente: cuando se trata de defender a la población de los residuos químicos que afectan la salud, siempre quedará un último recurso: tu gobierno te ayudará. Pero eso no pasa en nuestro país. No por ahora.

Esta historia real plasmada en la película inicia cuando Anne Anderson recibe la noticia de que su hijo tiene leucemia y se entera que dicha situación es común en los niños de un pequeño pueblo en Massachusetts. Triste y enojada, demanda a varias empresas que derraman químicos al ambiente, fuente aparente de la enfermedad de su hijo. Anne solicita los servicios de un arrogante abogado local que se pasea en un auto de lujo, quién de inicio desecha el caso por serle poco rentable. «La víctima perfecta es un hombre blanco profesional de 40 años en la cima profesional… y en el cálculo de daños legales personales, un niño muerto es el de menor valor», dice cruel el abogado. Tiene razón, ya que a los adultos nunca nos ha preocupado el planeta que dejaremos a los niños.

Y a todo esto, ¿qué es un plaguicida? La academia de la lengua lo define como algo (material o inmaterial) destinado a combatir plagas. Evidentemente, un pepino tiene más utilidad que esta definición. Plaguicida, según la Ley General de Salud vigente, es «una substancia o mezcla de substancias que se destina a controlar cualquier plaga, incluidos vectores que transmiten enfermedades humanas y de animales, especies no deseadas que causen perjuicio o que interfieran con la producción agropecuaria y forestal, y las substancias defoliantes y desecantes».

Esto significa que los plaguicidas son ampliamente utilizados en el control y eliminación de agentes biológicos que dañan a las plantas, los animales, los alimentos y los humanos, así como a otros bienes. Tomemos el caso del maíz. Por ejemplo, plagas son el gorgojo que infesta la semilla, el gusano que troza la plántula, la roya que afecta la hoja, la maleza que le compite por luz, agua y nutrientes del suelo, y la rata que come los costales, las mazorcas y el grano en el almacén; y para controlar o eliminar esos problemas se usan plaguicidas. Así, tenemos insecticidas, acaricidas, fungicidas, bactericidas, herbicidas, raticidas, nematicidas. A lo que quiera eliminar, sólo agréguele la terminación «cida», que en latín significa «el que mata». Lo que no dice la Secretaría de Salud es que para poder matar, los plaguicidas tienen que ser tóxicos. Hay una norma oficial mexicana, la 045 de la misma dependencia que si bien no define «tóxico», nos ilustra que la toxicidad de los plaguicidas se puede clasificar en extrema, alta, moderada y ligera. En ningún lado dice que haya plaguicidas no tóxicos. Me imagino que los vendedores de plaguicidas naturales u orgánicos no estarán satisfechos con esta omisión de la ley, pero otro día los atenderemos.

La película se pone interesante cuando después de reflexionar, el petulante abogado decide tomar el caso, pensando primero en sus propios intereses. La presencia de más personas afectadas puede ser la oportunidad de una demanda colectiva. «Si jugáramos a la ruleta rusa tendríamos mayor probabilidad de salir vivos que ganar este caso. No demandaremos para ganar, lo haremos para negociar un acuerdo monetario». Pero el destino lo espera con su inconsistente lógica.

Resulta en la película que los residuos de las sustancias químicas vertidas al río lograron penetrar el sistema de potabilización del agua de consumo de la población, causándoles desgracias a los pequeños. Igual que como pasa en nuestra agricultura: un productor de tomates o chiles decide que debe salvar sus cultivos de las plagas que los azotan. Debe salvar su inversión porque de ello depende la felicidad y bienestar de su familia. Pero resulta que por desconocimiento o negligencia, decide que «pa’ que amarre», le va a poner el doble de la dosis recomendada del tóxico. Además, lo hace cuando el cultivo está prácticamente listo para cosecha. ¿Y qué de malo hay en ello?

Los fabricantes de plaguicidas saben desde los años 40 del siglo pasado que un exceso de residuos de dichas sustancias en los alimentos, causan daño a la salud de los consumidores. ¿Por qué es así? No somos insectos, pero el modo de acción de los plaguicidas tiene el mismo efecto en los humanos que en los insectos: causan afectaciones en la sinapsis neuronal y por consecuencia en el sistema nervioso. Pero además de matar, los plaguicidas son persistentes. ¿Qué es esto? Pues que se pueden encontrar presentes en el ambiente desde días hasta años después de ser aplicados. Otros efectos de los plaguicidas es que se alojan en nuestros tejidos grasos (imagine esto en un país de obesos) y causan efectos negativos en nuestra fisiología, afectando glándulas, hormonas y cromosomas. Yo me imagino que el lector a estas alturas está pensando ¿y cómo podemos saber si hay plaguicidas en los alimentos que consumimos? No es sencillo. Hay que usar fuentes de información especializada que requiere conocimiento y experiencia para interpretar resultados que incidan en nuestra conciencia. Aquí unos cuantos datos:

Según el Catálogo Oficial de Plaguicidas de la Comisión Federal de Protección contra Riesgos Sanitarios (COFEPRIS), cuya edición no se actualiza desde hace 11 años, indica que hay 159 insecticidas y acaricidas, 102 herbicidas, 125 fungicidas y otras sustancias tóxicas para un total de 424 ingredientes activos o plaguicidas diferentes. La misma institución, en su catálogo en línea de plaguicidas autorizados, indica la presencia en nuestro mercado de 5 mil 940 presentaciones comerciales de estos plaguicidas individuales y sus mezclas. Estos plaguicidas tienen autorización de uso en cultivos agrícolas, granjas de producción animal, bodegas y almacenes, plantas de alimentos, jardines y en el hogar. Así de cerca están los plaguicidas de nosotros.

Las autoridades sanitarias, agrícolas y ambientales saben que el exceso o mal uso de plaguicidas conlleva a la presencia de sus residuos en alimentos. Para ilustrar los residuos permitidos aquí un ejemplo: en una tonelada de chiles jalapeños sólo se permitirían de uno a dos gramos de plaguicidas, lo que de paso indica su toxicidad. El problema radica en que el FDA, autoridad sanitaria del destino más importante de nuestras exportaciones, reporta que de enero de 2014 a marzo de este año, más de dos mil embarques de alimentos mexicanos llevaban residuos de plaguicidas prohibidos, por encima de los residuos permitidos o sin autorización de uso. ¿Cuáles son los alimentos involucrados? El 70% de esos dos mil embarques fueron – de mayor a menor – chiles y salsas, hortalizas de hoja, papayas, tunas y nopales, pepino, calabacita, cilantro y tomates. ¿De dónde salieron? El 70% salieron –en ese mismo orden– de Baja California, Sinaloa, Chihuahua, Puebla, Guanajuato, Jalisco y Nuevo León. Y ya sabemos que lo que exportamos es lo que mejor producimos, no se diga de cuando se trata de vender en el mercado nacional.

Esta estadística del horror se completa cuando el gobierno federal hace muestreos nacionales para determinar violaciones a los límites máximos de residuos permitidos de plaguicidas en alimentos que se consumen en el país bajo el Programa Nacional de Monitoreo y Control de Residuos Tóxicos y Contaminantes en la Producción Primaria de Alimentos de Origen Agrícola, Pecuario, Acuícola y Pesquero. La abreviación oficial es PNMyCRTyCPPAOAPAyP, y no es broma. ¿Lo bueno? En el año 2014, en productos de origen animal (camarón, carne de porcino y bovino, y miel) se tuvieron 33 casos de productos prohibidos y 99 residuos por encima de lo permitido; en productos vegetales se tuvieron 89 casos con residuos por encima de lo permitido y 28 casos en alimentos de importación ¿Lo malo? Los datos no son consistentes con lo reportado por otros países. Por ejemplo, el FDA dice que en el 2014 Baja California envió 312 embarques contaminados, Sinaloa 228, Chihuahua 157 y Puebla 143,  mientras que SENASICA, la autoridad sanitaria agroalimentaria de México, reporta para Baja California 3, Sinaloa 1, Chihuahua 3 y Puebla 5. ¿Lo feo? El laboratorio nacional mexicano de referencia en plaguicidas señala en entrevista a su directora que tienen equipos y metodologías de análisis muy limitados y que «falta un gran camino por recorrer».

Después del juicio y de incontables maneras de tratar de ganar el caso contra el poder de los corporativos químicos, el abogado, ahora convertido en héroe, va a la quiebra financiera. Solo y sin recursos, su única estrategia es darle la información a la Agencia de Protección al Ambiente (EPA), quienes –como fuerza del estado– ponen orden y eliminan la contaminación en ríos y mantos freáticos a costa de las empresas contaminantes, que más adelante también quiebran. Pero la vida de los pequeños no se recupera, y ante la queja magnífica del abogado tras haberlo perdido todo, la señora Anderson le recrimina: «¿Cómo puede siquiera tratar de comparar lo que usted perdió contra lo que yo he perdido?». Y de esto se trata la película y nuestro tema. Antes de calcular el daño económico que causarían las plagas que afectan nuestra producción de alimentos, debemos asegurar que no estamos consumiendo plaguicidas que maten nuestros sueños y esperanzas. Se requiere para ello, y de manera urgente, una acción civil, venga de quien venga.

@lcruzg01

3 COMMENTS

  1. Soy la QA Mayrén Cristina Zamora Nava, Directora del Centro Nacional de Referencia de Plaguicidas y Contaminantes del SENASICA, a quien se refieren en este artículo, podría decirme cuando me entrevistaron? Ya que supuestamente hacen referencia a que yo dije que nuestra capacidad es limitada. Tenemos la última tecnología en cromatógrafos de líquidos y gases acoplados a espectrometría masas/masas con una capacidad de detección multiresudual de mas de 600 moléculas de plaguicidas, estamos analizando alrededor de 1,400 muestras al mes, por lo que no entiendo de donde salió ese comentario. Los invito a que vengan al Centro y hagan un reportaje sobre el trabajo que se hace y no dar información que no es la correcta.

    • Estimada QA Zamora,

      Aradecemos su comentario. En este caso particular no se trata de un artículo como usted menciona, sino de una columna de opinión responsabilidad de su creador. Estaremos enviando su comentario para que, en caso de ser necesario, se hagan las aclaraciones.

      Un saludo

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