Olivo, potencial mal explotado

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ES ANCESTRAL el desconocimiento del cultivo del olivo entre los hombres del campo mexicano.
ES ANCESTRAL el desconocimiento del cultivo del olivo entre los hombres del campo mexicano.

México tiene las condiciones para empezar a producir aceite de oliva de altísima calidad en cantidades industriales mayores a las actuales, pero falta tumbar varios «tabúes» para lograrlo.

TF/Roberto Silva

Por su amplio potencial comercial, el cultivo del olivo tiene inmensas posibilidades de convertirse en un gran generador de divisas para México, sin embargo, el poco consumo del pueblo mexicano, el clima, la falta de financiamiento, un mal manejo de las huertas y algunas plagas, han impedido su pleno desarrollo.

Este frutal, traído a México por los colonizadores españoles, es una importante fuente de ingresos en las regiones de Caborca, Sonora y Ensenada, Baja California, y por lo tanto, una alternativa económica viable para otras zonas del país que reúnen las condiciones climáticas idóneas para su desarrollo.

El olivo tiene dos vertientes que pueden ser utilizadas: el aceite de oliva y la aceituna aderezada, aunque existen diferentes variables gastronómicas de la aceituna que también pueden ser explotadas, comercialmente hablando.

FALTA IMPULSARLO MÁS

Sabedor de ese potencial mal explotado, el Instituto Nacional de Investigaciones Forestales, Agrícolas y Pecuarias (INIFAP) considera que es necesario impulsar el cultivo de olivo en el país para que pueda competir con la calidad del producto europeo, primero en el mercado nacional y enseguida en el estadounidense.

Y es que no se debe desaprovechar que tenemos a uno de los mercados más grandes a corta distancia, –Estados Unidos importa 300 mil toneladas de aceite de oliva cada año– que acusa un abasto insuficiente del producto, lo que lo convierte en una gran ventaja para los productores mexicanos sobre el resto de los países productores, principalmente europeos. Lo cual no ha sido aprovechado.

Para la mayoría de los productores e industriales mexicanos del olivo, el futuro de este cultivo se cifra principalmente en el mercado estadounidense, que es de los consumidores más grandes de este producto y sus derivados.

Pero sin contradecir su importancia para el país, es conveniente pensar que el mercado nacional puede ser una buena oportunidad para iniciar, pues hasta ahora se depende en gran medida de las importaciones de aceitunas y aceite de oliva de países europeos, con la consiguiente fuga de divisas.

Por ello en el INIFAP se hacen esfuerzos para mejorar las prácticas agronómicas enfocadas al aumento de la producción, reducción de costos y para mantener la calidad del aceite sin afectar el medio ambiente.

CREENCIA EQUIVOCADA

Para el ingeniero Miguel Ángel Perales de la Cruz, investigador del INIFAP de Pabellón de Arteaga, Aguascalientes, quien es una de las voces más autorizadas sobre el tema del olivo en nuestro país, la principal razón de que no haya despegado el cultivo del olivo en México, «se debe a que siempre se ha creído que la zona noroeste como Caborca en Sonora, la costa de Ensenada y los Valles de Mexicali, Guadalupe y Tecate en Baja California, es la zona más apta para el olivo por encontrarse al nivel latitudinal de la franja del Mediterráneo, además de ser la zona donde mayormente se establecieron huertos comerciales por el efecto dominante de la religión en especial del Padre Eusebio Kino, promotor de la fruticultura del Mediterráneo como la vid y el olivo», dice a Tierra Fértil el investigador.

Y agrega que «sin embargo el criterio anterior no contempló que adoptaron variedades que requieren de polinizadores para alcanzar una eficiente producción, así como la cercanía a California y la transmisión de todos los problemas fitosanitarios a los que se enfrentan los productores como el “ojo de pavo”, “verticiliosis repilo”, “escudete del fruto” y “mosca del olivo”».

Para el investigador Perales de la Cruz, entre otros expertos en el tema consultados, paradójicamente, la mayor zona productora de olivo que actualmente tiene nuestro país, es la menos idónea para ello, ya que las temperaturas del norte son muy elevadas en verano y a partir de 35 grados el olivo «deja de trabajar», por decirlo coloquialmente, por lo tanto deja de producir aceite; esto no ocurre en Jalisco o Aguascalientes porque las temperaturas estivales son suaves y el olivo siempre trabaja, acumula más aceite y es más productivo.

Al respecto, Perales de la Cruz afirma que «esa es una creencia errónea, ya que la zona norte de México se caracteriza por sus altas temperaturas en verano, superiores a los 40ºC, situación que provoca en el árbol una baja eficiencia fotosintética (50-55%), en cambio en la zona centro, en la franja que cubren los estados de Jalisco, Zacatecas, Aguascalientes, Guanajuato, Querétaro, San Luis Potosí y Tamaulipas,  las temperaturas máximas oscilan en verano entre los 35 a 38ºC, proporcionándole al olivo una eficiencia fotosintética del 95 al 100% reflejándose en un mayor rendimiento y mayor calidad de aceite».

Y para sustentar su opinión afirma que «como ejemplo podemos citar que el rendimiento de aceituna nacional que lo jala (sic) la zona norte, es de cuatro a cinco toneladas por hectárea, las mejores plantaciones obtienen de 10 a 12 toneladas por hectárea con rendimientos de aceite del 10%, en tanto que en la zona centro, el rendimiento promedio en condiciones de temporal es de cuatro toneladas por hectárea, bajo riego de 18 a 25 toneladas por hectárea y el rendimiento mínimo de aceite es de 14% en años con mucha lluvia en tiempo de cosecha».

Al preguntarle la razón de por qué si en la franja central de México se tienen las condiciones agroecológicas idóneas para explotar el cultivo del olivo, no lo han hecho, nos dice que «la razón por la cual no se ha explotado, es debido a que las plantaciones que se conocen no son productivas, pero lo que los productores desconocen es que la causa es la falta de variedades adecuadas, la falta de polinizadores, el desconocimiento de la conducción y poda y el desconocimiento de las tecnologías para la extracción de aceite y aprovechamiento de subproductos, los cuales creen que sólo una empresa de muchos recursos lo puede lograr».

En pocas palabras: falta conocimiento sobre la planta de olivo y sus requerimientos y en cuanto a cuáles son las condiciones óptimas para su cultivo. Hay mucho por hacer.

EL ORIGEN DEL PROBLEMA

Pero ¿por qué existe ese desconocimiento?, hurgamos por ahí y vimos que todo se remonta a la época de la Conquista.

Cuando los españoles llegaron al nuevo mundo en 1492, entre sus viandas se encontraban las aceitunas y el aceite de oliva, sin embargo, fue hasta los años posteriores a la Conquista que Fray Martín de Valencia trajo los primeros olivos a México, procedentes de Sevilla, en 1531.

Se considera que Tulyehualco (Xochimilco) fue el primer lugar de cultivo en todo el Continente Americano. Posteriormente se plantaron olivares en Texcoco, Chalco y Tacubaya, extendiéndose a las zonas aledañas, pero la producción en Xochimilco fue la que más auge alcanzó, al grado que se formó un olivar de más de 2 kilómetros de longitud (un tamaño en extremo considerable para la época) en las riberas del lago.

En cuanto al resto del territorio nacional, las primeras plantaciones de grandes proporciones se hicieron en Sonora y Chihuahua, en el siglo XVII, seguidas de las de Jalisco, Hidalgo, Michoacán y la península de Baja California.

Gracias a la expansión que tuvieron los olivares por las condiciones propicias del terreno, se incrementaron las fuentes de trabajo e inició una verdadera industria de producción aceitera, la cual llegó a ser tan importante, que despertó la preocupación de la Corona española ante la posibilidad de tener como competidor comercial a una de sus colonias.

SE PROHÍBE EL CULTIVO DEL OLIVO

Por este motivo, el rey Carlos III firmó la Cédula Real del 17 de enero de 1774, en la que ordenó a los virreyes prohibir el cultivo de olivares en México. Sin embargo, la imposición se incrementó en 1777, cuando firmó una nueva Cédula en la que ordenó la destrucción de todos los olivos del territorio.

Si bien jamás se repitió el auge que tuvo el olivo en tiempos de la Colonia y la decisión del monarca determinó la parcial ausencia del país en el comercio actual del aceite y la aceituna, el olivo es parte de la vida y la historia de México, incluso conmemorado en cada entonación del Himno Nacional: «Ciña ¡oh, Patria! tus sienes de oliva…».

Por ello es entendible también que el aceite de oliva, a pesar de los beneficios que tiene para la salud, en México su consumo per cápita ronda apenas los 100 mililitros anuales, de un total de 10 litros de aceites en general, que consume el mexicano.

COSTUMBRE ARRAIGADA

Este bajo consumo, el ingeniero Perales de la Cruz lo atribuye a un concepto generacional, «ya que en la población de edad más avanzada, el mexicano común jefe de familia en las áreas rurales, creció bajo el uso de grasas animales, desarrolló un gusto por ese sabor característico y sobre todo porque tiene la creencia de que las grasas sólo son para freír y guisar, independientemente del precio medio de los aceites y grasas que consume rutinariamente, donde un aceite de oliva comercial no tiene una gran diferencia en precio sobre uno de maíz».

Y agrega que «las generaciones intermedias, que ya cuidan un poco el concepto de salud, sí incluyen en su dieta el aceite de oliva, sin embargo, bajo el concepto de guiso, son pocos los que se atreven a considerarlo para su consumo directo y lo hacen bajo un esquema de receta (una cucharadita por la mañana, una cucharada con jugo de limón, etcétera) y hacen su consumo rutinario, cansado y limitado, desconociendo que en casa o al menos en los restaurantes se puede sustituir a la mantequilla por un buen aceite extra virgen».

«Finalmente están las nuevas generaciones que con una campaña de promoción acertada, fácilmente pueden llegar a ser los grandes consumidores de un aceite saludable en crudo y para guiso, además, fomentando la producción nacional, el aceite de oliva puede llegar a ser el más económico del mercado», nos dice Perales de la Cruz.   

CÓMO PINTA EL PANORAMA

Para el ingeniero Perales de la Cruz, la fórmula para impulsar a este cultivo en México, sería «desarrollar mapas agroecológicos que incluyan el comportamiento de variedades autocompatibles, acompañado de un programa de capacitación continua en el manejo del cultivo, la extracción de aceite de oliva extra virgen y la diferenciación de subproductos que den mayor valor agregado, como puede ser el desarrollo de productos de higiene personal y artesanías, entre otros y finalmente cerrar con una buena campaña para la promoción al consumo, donde se señale los beneficios del aceite en crudo y para guiso, incorporándolo a las recetas de comida tradicional».

«Comercialmente hablando, desde mi óptica, el tener a Estados Unidos cerca es el principal enfoque que pueden aprovechar las grandes empresas o fuertes inversionistas, las cuales tendrían la capacidad de competir con las importaciones que hace el vecino del norte de Europa, Chile, Argentina y Uruguay que representan el 99% de su consumo interno.

Tal es el proyecto que se desarrolla en Tula, Tamaulipas de más de dos mil 200 hectáreas, que representa la mayor superficie compacta de olivo en México; sin embargo, el productor típico de la zona centro de México requiere de poca organización para aprovechar el desarrollo del consumo interno, organizados pueden iniciar a surtir el sector restaurantero con aceites gourmet de calidad extra virgen, y con el apoyo de gobiernos estatales fomentar la colocación de nuevas marcas locales y regionales en supermercados y tiendas de abarrotes que cada día se ven más diversificadas para surtir lo que el ama de casa requiere en su vida diaria».

Por último se le preguntó cómo ve el panorama para el cultivo del olivo en el territorio nacional, si vamos por el camino correcto, a lo que nos contestó, «Sí, aunque a un paso lento, en el que si no se acompaña de un proyecto de Estado, los beneficiarios seguirán siendo los productores con mayores posibilidades de inversión».

«El reto –dijo- es generar variedades locales de alto rendimiento de aceituna y contenido graso y promover su uso, involucrar a productores de bajos ingresos, que son los de mayor ineficiencia en el uso del agua y menor rentabilidad de las actividades agropecuarias, con los cuales se pueden reconvertir áreas de baja productividad para cultivos tradicionales en algunas regiones, con el consiguiente mejoramiento socioeconómico y empleo permanente, que son los verdaderos motores del desarrollo», dijo finalmente el ingeniero Miguel Ángel Perales de la Cruz.

LO DIJO

«Falta conocimiento sobre la planta de olivo y sus requerimientos, en cuanto cuáles son las condiciones óptimas para su cultivo. Hay mucho por hacer».

Ing. Miguel Ángel Perales de la Cruz

Investigador del INIFAP de Pabellón de Arteaga, Aguascalientes

5 COMENTARIOS

  1. Me encanto el articulo muy informativo, ahora lo que se necesita es crear el proyecto para “desarrollar mapas agroecológicos que incluyan el comportamiento de variedades autocompatibles”, me podrían decir como se pueden desarrollar estos? y si ustedes lo harán podrían publicarlos?. Saludos Carlos Madrigal

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