Es necesario que el productor se preocupe por la calidad del grano que entrega opina el director de Almer
TF | Miguel Yáñez A.
La capacidad de almacenaje en el estado que se requiere para cubrir la demanda de los granos que en la época de cosecha se presenta es suficiente; aunque de la infraestructura que existe en el estado, no toda está debidamente equipada.
Esto consideró Luis García, director de Almacenadora Mercader, así como Héctor Eduardo Magallón Gracián, director de Compras y Habilitación de Bodegas de dicha empresa de acopio.
La empresa de referencia tiene capacidad de almacenar 360 mil toneladas y en ella se ofrece servicios tanto de pignoración como de compra-venta o consignación, según explicó el jefe de Compras, de la unidad que en Guadalajara se conoce como «General Andrés Figueroa».
«Realmente no he sabido yo que haya habido falta de capacidad de almacenamiento para afrontar las necesidades que se dan cuando viene la trilla del producto», explica Eduardo. Por su parte, Luis comenta que en el estado la mayor parte de este tipo de infraestructura sufre rezagos porque ha sido la inversión que se ha realizado en el sentido de la tecnificación o modernización.
Agrega que una marcada problemática en cuanto al rezago en tecnificación, influenciada por otros factores como vías de comunicación, se da en las regiones Valle y Sierra Occidental; la que considera con menos opciones de vías de transporte. Estos entendidos del almacenaje en general, consideran que en Jalisco se tiene un 50 por ciento de las instalaciones cuentan con a infraestructura necesaria para el almacenaje a lrgo plazo.
El restante 50 por ciento, prácticamente carece de los equipos adecuados para garantizar un almacenamiento más allá de tres o cuatro meses del producto en bodega. Sobre todo antes y durante el ciclo de temperaturas más cálidas (de abril a junio).
Obsoletas
En Jalisco se tiene la duda de que si la infraestructura de almacenaje que existe es óptima o adecuada, coinciden los entrevistados. Comenta que una realidad que se tiene en el estado, y ella es que no se ha invertido, desde hace muchos años, de una manera significativa como para mejorar o adecuar la infraestructura que ya existía.
Señala Luis García que aún se tienen bodegas planas, donde las maniobras que se deben realizar incrementan el costo del producto, por la falta de mecanización y adecuación de las instalaciones. En las exigencias actuales, el director de Almer considera que para que una bodega sea viable económicamente, necesita tener una capacidad de almacenaje mínima, de 10 mil toneladas... «y de preferencia de 20 a 30 mil toneladas».
«Y todavía aquí en el estado, hay muchos pueblos donde tienen bodeguitas de dos o tres mil toneladas; bodegas planas, un tanto obsoletas», señala. Dice que con este tipo de infraestructura, el costo de operación es muy elevado y también se vuelve complejo realizar la administración adecuada de inventarios por espacios prolongados de tiempo.
Sinaloa es un caso de infraestructura adecuada puesto que además de que la producción de gra-nos ha crecido exponencialmente, la capacidad de almacenaje tiene una estructura mucho más moderna.
«Esto se debe a que la construcción de silos son mucho más recientes y la mayoría son unidades mecanizadas; que cuenta con aireación y «que tienen una estructura adecuada para la conservación a largo plazo y la gran mayoría de las instalaciones tienen espuelas de ferrocarril», reitera el director de Almer
Conservación
Jalisco tiene ciertos privilegios en el almacenaje puesto que la cosecha se da cuando el clima está templado y no hay la necesidad de tenerle muchas consideración al grano almacenado. «Pero sí existen muchas bodegas en las que trabajamos nosotros, normalmente no tienen aireación o tienen sistemas un tanto rudimentarios. Y aún por el lado de en Michoacán, hay muchas (bodegas) donde se recibe el grano a cielo abierto, a la intemperie». «Esto no es enteramente malo, simplemente que hay un rezago, no en capacidad pero sí en modernización del sistema de almacenaje», argumenta García.
Eficiencia
Las carencias de mecanización e instalaciones adecuadas, a final de cuentas repercuten en la eficiencia de operar el almacenaje, coinciden tanto Eduardo como Luis. Comenta el director de Almer que en la medida en que se consolidan volúmenes significativos en menos instalaciones, y en la medida en que se avanza en el grado de mecanización y se obtienen modernos métodos de conservación, el costo de operación por tonelada se reduce notoriamente.
Por la experiencia, Luis García comenta que en una bodega plana, el costo de manipular una tonelada de grano para meterla o sacarla de una bodega, oscila entre 14 y 16 pesos por tonelada. «En una instalación mecanizada, el costo es de 140 pesos. Esto es una enorme diferencia», dice Luis.
Abunda en que en unas instalaciones mecanizadas, las labores de conservación, aplicación de insecticida y otras labores son cosas muy sencillas. «Se aprietan los botones, se echa a andar los mecanismos y todo queda bien». Añade que la falta de mecanización en una bodega trae hace que se demerite la calidad del producto además de que se incrementan los costos al tener que meter gente a maniobrar pues se requieren traspaleos, ya sea con maquinaria o con palas... «esto es mucho más costoso», reitera.
Calidad
Luis García abunda en que al productor primario le ha faltado preocupación para buscar el valor agregado a su producto (maíz), aunque sea el mínimo, pues todavía sigue el tradicional método de que «le pagan su cosecha y se desentiende de todo hasta el próximo periodo de siembra». Explica que esta preocupación debe darse porque viene con la exigencia del mercado, mismo que se ha vuelto cada vez más demandante en cuanto a la calidad.
«Los contratos con los grandes compradores van a estar demandando cada vez mayores estándares de calidad y una mayor homogeneidad en el grano, puesto que en un proceso de industrialización, la no homogeneización del grano genera mermas en los procesos de producción», dice el director de Almer. Señala que tal vez falte algo de conciencia o capacitación en los productores puesto que con inversiones relativamente chicas podrían darle algo de valor agregado.
Comenta que cuando el grano llega de campo al almacén de destino, llega con algo de impurezas como basura, olote y ramas (de la planta), además de que se le agregan daños como hongos, maíz quebrado o podrido, lo que genera mermas para el productor. «Hacer inversiones en equipos de prelimpia en las instalaciones de acopio, facilitaría mucho el tema de la conservación, mejoraría mucho las condiciones de comercialización y le daría un extra a ganar al productor», dice García.