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Necesario comprender la interrelación de la biodiversidad del planeta y fomentar la recuperación de los suelos para evitar la desertificación
TF/ Arturo Morales Carrillo
El suelo es uno de los recursos indispensables que permiten la generación de alimentos, en un periodo de 23 años de 1981 al 2003 cerca de 500 mil kilómetros cuadrados equivalentes a 487 mil 804 kilómetros el 24.73% del territorio nacional se ha erosionado, afectando a 34 millones de mexicanos y disminuyendo la superficie arable. El secretario ejecutivo de la Convención de las Naciones Unidas de Lucha contra la Desertificación (UNCCD), Luc Gnacadja, al exponer en la última Expo Forestal México Siglo 21 hizo notar que de acuerdo a la FAO es necesario incrementar en un 50% la producción de alimentos, puesto que cerca de 854 millones de personas sufren hambre en donde la gran mayoría de los afectados se encuentran ubicados en tierras degradadas y son incapaces de producir sus propios alimentos.
Desertificación. «La degradación de la tierra es acumulativa y representa un gran reto a nivel global y ha afectado a las tierras de cultivo, cabe señalar que el 75% de la degradación de la tierra se da en regiones húmedas, 5% en territorio seco semihúmedo y 8% en tierras secas», relató el especialista africano. Añadió que hoy día la degradación que afecta al planeta se ha hecho presente en mayor medida en países como Rusia que posee 16.5% de degradación de su territorio, África es el segundo en la lista con 13%, Canadá 11.6%, Estados Unidos 7% y China 7.6%, la población del país asiático es la más afectada con 457 millones de habitantes. Dio a conocer que los países africanos más afectados son Swazilandia con 95.5% de las tierras arables erosionadas, Angola posee el 66% de su superficie afectada, Gabón tiene el 64% y Zambia con el 60%. En cuanto al caso mexicano mencionó que existen dos factores que son relevantes los ecosistemas naturales y los sistemas sociales humanos, en donde las interacciones entre estos sistemas determinan el grado de éxito o de falla así como el resultado de la administración de los programas.
Factores climáticos y la degradación de la tierra. El aumento en la temperatura y en la radiación solar que afecta el planeta –cito- así como las precipitaciones desmedidas y lluvias torrenciales han propiciado que la delgada superficie fértil de la tierra sea arrastrada y sedimentada, propiciando serios daños. «La distribución global de desastres naturales indica, que las tormentas han aumentado en 28%, un ejemplo que podemos apreciar y factor importante a partir del fenómeno climático, en donde las lluvias afectan y arrastran el suelo arable», expresó. Explicó que cuando la tierra se degrada se pierde la capacidad de mantener el carbono, en el suelo el cual es un gran depósito de ese elemento, ya que cuando las tierras se degradan se emite carbono adicional a la atmósfera. Añadió que actualmente existe una enorme preocupación en torno al calentamiento global por parte de la sociedad y no se ha advertido que evitar la desertificación ayudaría sustancialmente a disminuir el problema. «En torno a la desertificación hemos advertido una espiral, en donde indica gira en torno a mayores niveles de degradación producto de la intervención humana, en donde se han incrementado las áreas degradadas por los cultivos. Por otra parte tenemos mejores políticas y estabilidad en torno a la producción de alimentos, debemos movernos de la espiral degradante hacia la espiral virtuosa », enfatizó.
Soluciones. Dijo que es necesario que pasemos de lo global hacia lo local, para asegurar la implementación de soluciones en todo el contexto, y también empezar a cuantificar correctamente nuestros avances y definir qué medir y cómo medirlo para ayudar a crear nuevas líneas que sirvan de guía a los países que inciden en mayor medida en el comercio. El siguiente paso que debería de tomarse –señaló- es lograr metas específicas y desarrollar soluciones en torno a la degradación de los suelos. «Debemos alimentar el suelo para que sea fértil y podamos producir, debemos alimentarlo para que nos alimente», concluyó.
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