HURACÁN: Lo perdieron todo y piden apoyo

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Productores de melón, mango, coco, guanábana y limón de los municipios de La Huerta y Cihuatlán, Jalisco piden apoyos para recuperarse de las cuantiosas pérdidas que les provocó el Huracán Patricia. Por Conrado Vázquez Martínez Cuauhtémoc Torres mira hacia el horizonte de su huerta de melón devastada por la furia del ciclón Patricia. Parado cerca de lo que fue un pequeño empaque, recuerda que ahí y en el corte de la fruta tenía empleados a más de cien habitantes de un ejido perteneciente a Tenacatita, quienes hoy, como él mismo, se quedaron sin trabajo y sin recursos para dar de comer a sus familias. Nosotros fuimos los primeros a los que nos pegó el ciclón, los fuertes vientos se oían como un toro embravecido que arrasaba con todo, recuerda este hombre de casi 60 años, curtido por el sol y que ya ha resistido a otros huracanes, «pero ninguno como éste», sentencia. Ahora ¿qué voy a hacer? se pregunta con la voz entrecortada por un llanto ahogado en la desesperación, «no me quedó nada, el agua y el viento se lo llevaron todo; tengo deudas que pagar, compromisos que no voy a poder afrontar porque ya no tengo qué vender… y la ayuda del gobierno no tiene para cuando. El presidente de La Huerta ni se ha aparecido por aquí», dijo, observando los miles de palos sin hojas y con algunos frutos verdes tirados sobre el barro húmedo, de lo que dos días antes fue su prometedora huerta que le estaba dando grandes melones que estaba vendiendo a 5 pesos la bola. Aquí las nubes de zancudos no te permiten estar quieto, con las manos te los tienes que espantar constantemente de la cara, el cuello y las orejas. Son voraces y con su letal actividad diseminan el dengue y el chikungunya, sobre todo éste último del que han aumentado los casos en la última semana, según nos explica una enfermera encargada del centro de salud del lugar, mientras atiende a un niño enfermo de diarrea. Esta es la realidad hoy en el municipio de La Huerta, Jalisco, mientras que en su vecino Cihuatlán, también en la zona costera, otros productores cuentan la misma historia, como don Román y Baltazar: al primero le tumbó miles de vástagos de plátano macho. «Toda la huerta se acabó; mire, a los vástagos los partió en dos y lo que quedó lo tapó el agua… no se puede rescatar nada», afirmó desalentado, al tiempo que decía para sí mismo «lo bueno es que a nosotros no nos pasó nada». Baltazar, un joven costeño fuerte y decidido, nos mostró su huerta de mango en El Jaluco, a unos 10 minutos de la carretera a Manzanillo, yendo para La Huerta. «Me tumbó todos los árboles, chicos y grandes se partieron; son unas diez hectáreas que ya no van a florear para la próxima temporada. Voy a moler lo que quedó y regarlo para abono y me voy a encomendar a Dios… porque la ayuda del gobierno no llega…». Como ellos, otros cientos de hombres del campo claman apoyos para levantarse. Como dijo don Román «no le hace que no nos regalen nada, que nos presten para salir de este fracaso»
Productores de melón, mango, coco, guanábana y limón de los municipios de La Huerta y Cihuatlán, Jalisco piden apoyos para recuperarse de las cuantiosas pérdidas que les provocó el Huracán Patricia. Por Conrado Vázquez Martínez Cuauhtémoc Torres mira hacia el horizonte de su huerta de melón devastada por la furia del ciclón Patricia. Parado cerca de lo que fue un pequeño empaque, recuerda que ahí y en el corte de la fruta tenía empleados a más de cien habitantes de un ejido perteneciente a Tenacatita, quienes hoy, como él mismo, se quedaron sin trabajo y sin recursos para dar de comer a sus familias. Nosotros fuimos los primeros a los que nos pegó el ciclón, los fuertes vientos se oían como un toro embravecido que arrasaba con todo, recuerda este hombre de casi 60 años, curtido por el sol y que ya ha resistido a otros huracanes, «pero ninguno como éste», sentencia. Ahora ¿qué voy a hacer? se pregunta con la voz entrecortada por un llanto ahogado en la desesperación, «no me quedó nada, el agua y el viento se lo llevaron todo; tengo deudas que pagar, compromisos que no voy a poder afrontar porque ya no tengo qué vender… y la ayuda del gobierno no tiene para cuando. El presidente de La Huerta ni se ha aparecido por aquí», dijo, observando los miles de palos sin hojas y con algunos frutos verdes tirados sobre el barro húmedo, de lo que dos días antes fue su prometedora huerta que le estaba dando grandes melones que estaba vendiendo a 5 pesos la bola. Aquí las nubes de zancudos no te permiten estar quieto, con las manos te los tienes que espantar constantemente de la cara, el cuello y las orejas. Son voraces y con su letal actividad diseminan el dengue y el chikungunya, sobre todo éste último del que han aumentado los casos en la última semana, según nos explica una enfermera encargada del centro de salud del lugar, mientras atiende a un niño enfermo de diarrea. Esta es la realidad hoy en el municipio de La Huerta, Jalisco, mientras que en su vecino Cihuatlán, también en la zona costera, otros productores cuentan la misma historia, como don Román y Baltazar: al primero le tumbó miles de vástagos de plátano macho. «Toda la huerta se acabó; mire, a los vástagos los partió en dos y lo que quedó lo tapó el agua… no se puede rescatar nada», afirmó desalentado, al tiempo que decía para sí mismo «lo bueno es que a nosotros no nos pasó nada». Baltazar, un joven costeño fuerte y decidido, nos mostró su huerta de mango en El Jaluco, a unos 10 minutos de la carretera a Manzanillo, yendo para La Huerta. «Me tumbó todos los árboles, chicos y grandes se partieron; son unas diez hectáreas que ya no van a florear para la próxima temporada. Voy a moler lo que quedó y regarlo para abono y me voy a encomendar a Dios… porque la ayuda del gobierno no llega…». Como ellos, otros cientos de hombres del campo claman apoyos para levantarse. Como dijo don Román «no le hace que no nos regalen nada, que nos presten para salir de este fracaso»

Productores de melón, mango, coco, guanábana y limón de los municipios de La Huerta y Cihuatlán, Jalisco piden apoyos para recuperarse de las cuantiosas pérdidas que les provocó el Huracán Patricia.

Por Conrado Vázquez Martínez

Cuauhtémoc Torres mira hacia el horizonte de su huerta de melón devastada por la furia del ciclón Patricia. Parado cerca de lo que fue un pequeño empaque, recuerda que ahí y en el corte de la fruta tenía empleados a más de cien habitantes de un ejido perteneciente a Tenacatita, quienes hoy, como  él mismo, se quedaron sin  trabajo y sin recursos para dar de comer a sus familias.

Nosotros fuimos los primeros a los que nos pegó el ciclón, los fuertes vientos se oían como un toro embravecido que arrasaba con todo, recuerda este hombre de casi 60 años, curtido por el sol y que ya ha resistido a otros huracanes, «pero ninguno como éste», sentencia.

Ahora ¿qué voy a hacer? se pregunta con la voz entrecortada por un llanto ahogado en la desesperación, «no me quedó nada, el agua y el viento se lo llevaron todo; tengo deudas que pagar, compromisos que no voy a poder afrontar porque ya no tengo qué vender… y la ayuda del gobierno no tiene para cuando. El presidente de La Huerta ni se ha aparecido por aquí», dijo, observando los miles de palos sin hojas y con algunos frutos verdes tirados sobre el barro húmedo, de lo que dos días antes fue su prometedora huerta que le estaba dando grandes melones que estaba vendiendo a 5 pesos la bola.

Aquí las nubes de zancudos no te permiten estar quieto, con las manos te los tienes que espantar constantemente de la cara, el cuello y las orejas. Son voraces y con su letal actividad diseminan el dengue y el chikungunya, sobre todo éste último del que han aumentado los casos en la última semana, según nos explica una enfermera encargada del centro de salud del lugar, mientras atiende a un niño enfermo de diarrea.

Esta es la realidad hoy en el municipio de La Huerta, Jalisco, mientras que en su vecino Cihuatlán, también en la zona costera, otros productores cuentan la misma historia, como don Román y Baltazar: al primero le tumbó miles de vástagos de plátano macho. «Toda la huerta se acabó; mire, a los vástagos los partió en dos y lo que quedó lo tapó el agua… no se puede rescatar nada», afirmó desalentado, al tiempo que decía para sí mismo «lo bueno es que a nosotros no nos pasó nada».

Baltazar, un joven costeño fuerte y decidido, nos mostró su huerta de mango en El Jaluco, a unos 10 minutos de la carretera a Manzanillo, yendo para La Huerta. «Me tumbó todos los árboles, chicos y grandes se partieron; son unas diez hectáreas que ya no van a florear para la próxima temporada. Voy a moler lo que quedó y regarlo para abono y me voy a encomendar a Dios… porque la ayuda del gobierno no llega…».

Como ellos, otros cientos de hombres del campo claman apoyos para levantarse. Como dijo don Román «no le hace que no nos regalen nada, que nos presten para salir de este fracaso».

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